Tabla periódica

Radio-226 (Ra-226)

El radio 226 es el isótopo que Marie y Pierre Curie aislaron en 1898, con un período de 1.600 años. Se empleó en pinturas luminiscentes y se vendió como medicamento antes de que se comprendieran sus peligros, y el envenenamiento de las pintoras de esferas transformó el derecho laboral.

Cuatro años y una tonelada de pechblenda

Marie y Pierre Curie anuncian el radio en diciembre de 1898, tras deducir su existencia de una radiactividad de la pechblenda que ni el uranio ni el torio explicaban.

Deducirlo no era tenerlo. Aislar una cantidad visible costó cuatro años más de tratamiento de residuos de pechblenda en un cobertizo sin calefacción — moler, disolver, precipitar, recristalizar, toneladas de mineral para fracciones de gramo.

Terminaron con alrededor de un decigramo de cloruro de radio, y datos suficientes para fijar el peso atómico.

⚠️ Marie Curie recibe el Nobel de Física en 1903, compartido, y el de Química en 1911, en solitario — primera persona premiada en dos ciencias. Sus cuadernos siguen siendo radiactivos y se guardan en cajas plomadas.

Por qué el cuerpo lo retiene

El radio está debajo del calcio en el grupo 2, forma el mismo ion Ra²⁺ y es lo bastante parecido en tamaño para que ningún sistema biológico los distinga.

El organismo trata el radio como calcio y lo incorpora al hueso.

Una vez allí permanece, emitiendo partículas alfa hacia el tejido óseo y la médula a quemarropa durante el resto de la vida de la persona. El período de 1.600 años significa que la cantidad no disminuye de forma apreciable.

⚠️ Este es el único dato que explica todo lo que sigue. El radio no es especialmente peligroso fuera del cuerpo — las partículas alfa no atraviesan la piel. Ingerido, va al único sitio donde puede hacer más daño y no se marcha nunca.

Las pintoras de esferas

Desde 1917, la United States Radium Corporation y sus competidoras contratan a mujeres jóvenes para pintar las cifras luminiscentes de relojes e instrumentos.

El trabajo exige una punta fina. Se enseña a las obreras a afinar el pincel entre los labios entre trazo y trazo — labios, tintero, cifra — ingiriendo una traza de radio cada vez. Algunas se pintaban las uñas y los dientes por diversión.

Desde principios de los años veinte empiezan a enfermar: anemias, fracturas al menor golpe, y necrosis mandibulares tan profundas que el hueso se retiraba con la mano. Los dentistas no entendían nada.

⚠️ Las empresas niegan toda relación, encargan estudios que no encuentran ninguna y, en al menos un caso, atribuyen las muertes a la sífilis — un diagnóstico que atacaba la reputación de las mujeres tanto como sus pretensiones.

Cinco obreras de US Radium demandan en 1927. Grace Fryer, la demandante principal, ya no caminaba sola cuando llegó la vista. El caso se cierra con un acuerdo, y otros siguen.

El resultado las sobrevivió. Estableció que un empleado podía demandar a su empresa por una enfermedad causada por su trabajo, y alimentó directamente las normas de seguridad industrial y la posterior regulación de las radiaciones.

Los balnearios

Al mismo tiempo, el radio se vendía como remedio.

El razonamiento era que la radiactividad estimulaba el organismo. Agua de radio, supositorios, dentífrico, crema facial y ropa interior impregnada se vendían con normalidad en los años veinte.

⚠️ En España la moda tomó una forma propia: los balnearios. Varios establecimientos anunciaban sus aguas como radiactivas y lo presentaban como virtud terapéutica, no como advertencia. La radiactividad natural de un manantial era un argumento de venta.

El Radithor, radio disuelto en agua destilada, se vendía por frascos en Estados Unidos. Eben Byers, industrial del acero y campeón aficionado de golf, bebía varios al día por consejo médico.

Murió en 1932. La mandíbula se le había desintegrado, tenía el cráneo perforado y pesaba menos de cuarenta kilos. El titular del Wall Street Journal fue: «El agua de radio funcionó muy bien hasta que se le cayó la mandíbula».

Byers era rico y conocido, y su muerte hizo lo que la de las obreras no había hecho: acabó con el comercio casi de un día para otro.

Lo que queda

El radio ha sido desplazado de todos sus usos. El cobalto 60 y el cesio 137 ocuparon su lugar en radioterapia; el tritio y los compuestos fosforescentes, en las esferas.

Siguen circulando objetos con radio — esferas de reloj, instrumentos de aviación, brújulas. No son peligrosos tras el cristal, pero lo son si la pintura se descascarilla, y varios incidentes radiológicos han empezado con el hallazgo de un instrumento viejo en un desván.

⚠️ Un isótopo del radio ha vuelto. El radio 223 está autorizado contra el cáncer de próstata con metástasis óseas, y funciona precisamente por la propiedad que mató a las pintoras: va al hueso, y sus partículas alfa alcanzan unas pocas células.

La afinidad por el hueso nunca fue el problema. El problema era dónde acababa el radio, y en los huesos de quién.

Identidad

Protones
88
Neutrones
138
Número másico
226
Masa
226.0 ± 2.1 u
Exceso de masa
23.668 MeV
Espín
0+

Estabilidad

Semivida: 1600 años

Presencia natural

No se encuentra en la naturaleza

Se desintegra en

Producido por

FAQ

¿Por qué el radio se fija en los huesos?
El radio está justo debajo del calcio en el grupo 2 y forma el mismo ion de doble carga. El organismo lo trata como calcio y lo incorpora al hueso, donde permanece. A partir de ahí emite partículas alfa de forma continua hacia la médula y el tejido óseo a muy corta distancia, lo que causó los sarcomas y la necrosis mandibular de las pintoras de esferas.
¿Qué les pasó a las chicas del radio?
A las mujeres contratadas para pintar esferas luminiscentes se les enseñaba a afinar el pincel entre los labios, ingiriendo radio con cada cifra. Desde principios de los años veinte desarrollaron anemias, fracturas y necrosis de mandíbula. Sus empresas negaron la relación y discutieron los diagnósticos. Cinco de ellas demandaron a US Radium en 1927; el pleito estableció que un trabajador podía demandar a su empresa por una enfermedad causada por el trabajo.
¿De verdad se vendía radio como medicamento?
Ampliamente. Agua de radio, supositorios, dentífrico y crema facial se vendían aún en los años veinte, sobre la idea de que la radiactividad estimulaba el organismo. El industrial Eben Byers bebía varios frascos de Radithor al día; murió en 1932 con la mandíbula desintegrándose, y su muerte acabó con el negocio.
¿Se usó radio en España?
Sí, sobre todo en los balnearios. Varios establecimientos anunciaban aguas radiactivas como virtud terapéutica en las primeras décadas del siglo XX, cuando la radiactividad natural de un manantial se consideraba un argumento comercial. El radio también se empleó en radioterapia; el Instituto del Radio de Madrid, fundado en 1922, fue uno de los primeros centros oncológicos del país.

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