Cuatro años y una tonelada de pechblenda
Marie y Pierre Curie anuncian el radio en diciembre de 1898, tras deducir su existencia de una radiactividad de la pechblenda que ni el uranio ni el torio explicaban.
Deducirlo no era tenerlo. Aislar una cantidad visible costó cuatro años más de tratamiento de residuos de pechblenda en un cobertizo sin calefacción — moler, disolver, precipitar, recristalizar, toneladas de mineral para fracciones de gramo.
Terminaron con alrededor de un decigramo de cloruro de radio, y datos suficientes para fijar el peso atómico.
⚠️ Marie Curie recibe el Nobel de Física en 1903, compartido, y el de Química en 1911, en solitario — primera persona premiada en dos ciencias. Sus cuadernos siguen siendo radiactivos y se guardan en cajas plomadas.
Por qué el cuerpo lo retiene
El radio está debajo del calcio en el grupo 2, forma el mismo ion Ra²⁺ y es lo bastante parecido en tamaño para que ningún sistema biológico los distinga.
El organismo trata el radio como calcio y lo incorpora al hueso.
Una vez allí permanece, emitiendo partículas alfa hacia el tejido óseo y la médula a quemarropa durante el resto de la vida de la persona. El período de 1.600 años significa que la cantidad no disminuye de forma apreciable.
⚠️ Este es el único dato que explica todo lo que sigue. El radio no es especialmente peligroso fuera del cuerpo — las partículas alfa no atraviesan la piel. Ingerido, va al único sitio donde puede hacer más daño y no se marcha nunca.
Las pintoras de esferas
Desde 1917, la United States Radium Corporation y sus competidoras contratan a mujeres jóvenes para pintar las cifras luminiscentes de relojes e instrumentos.
El trabajo exige una punta fina. Se enseña a las obreras a afinar el pincel entre los labios entre trazo y trazo — labios, tintero, cifra — ingiriendo una traza de radio cada vez. Algunas se pintaban las uñas y los dientes por diversión.
Desde principios de los años veinte empiezan a enfermar: anemias, fracturas al menor golpe, y necrosis mandibulares tan profundas que el hueso se retiraba con la mano. Los dentistas no entendían nada.
⚠️ Las empresas niegan toda relación, encargan estudios que no encuentran ninguna y, en al menos un caso, atribuyen las muertes a la sífilis — un diagnóstico que atacaba la reputación de las mujeres tanto como sus pretensiones.
Cinco obreras de US Radium demandan en 1927. Grace Fryer, la demandante principal, ya no caminaba sola cuando llegó la vista. El caso se cierra con un acuerdo, y otros siguen.
El resultado las sobrevivió. Estableció que un empleado podía demandar a su empresa por una enfermedad causada por su trabajo, y alimentó directamente las normas de seguridad industrial y la posterior regulación de las radiaciones.
Los balnearios
Al mismo tiempo, el radio se vendía como remedio.
El razonamiento era que la radiactividad estimulaba el organismo. Agua de radio, supositorios, dentífrico, crema facial y ropa interior impregnada se vendían con normalidad en los años veinte.
⚠️ En España la moda tomó una forma propia: los balnearios. Varios establecimientos anunciaban sus aguas como radiactivas y lo presentaban como virtud terapéutica, no como advertencia. La radiactividad natural de un manantial era un argumento de venta.
El Radithor, radio disuelto en agua destilada, se vendía por frascos en Estados Unidos. Eben Byers, industrial del acero y campeón aficionado de golf, bebía varios al día por consejo médico.
Murió en 1932. La mandíbula se le había desintegrado, tenía el cráneo perforado y pesaba menos de cuarenta kilos. El titular del Wall Street Journal fue: «El agua de radio funcionó muy bien hasta que se le cayó la mandíbula».
Byers era rico y conocido, y su muerte hizo lo que la de las obreras no había hecho: acabó con el comercio casi de un día para otro.
Lo que queda
El radio ha sido desplazado de todos sus usos. El cobalto 60 y el cesio 137 ocuparon su lugar en radioterapia; el tritio y los compuestos fosforescentes, en las esferas.
Siguen circulando objetos con radio — esferas de reloj, instrumentos de aviación, brújulas. No son peligrosos tras el cristal, pero lo son si la pintura se descascarilla, y varios incidentes radiológicos han empezado con el hallazgo de un instrumento viejo en un desván.
⚠️ Un isótopo del radio ha vuelto. El radio 223 está autorizado contra el cáncer de próstata con metástasis óseas, y funciona precisamente por la propiedad que mató a las pintoras: va al hueso, y sus partículas alfa alcanzan unas pocas células.
La afinidad por el hueso nunca fue el problema. El problema era dónde acababa el radio, y en los huesos de quién.